RELATO DE UNA ESTADÍA EN LAS ISLAS MALVINAS

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Y de los extraños sucesos que ocurrieron en ella.

En 1845, las autoridades de ocupación británicas trasladaron la capital de las Malvinas desde su emplazamiento original en la bahía de Berkeley a Puerto Stanley. Pero habrían de pasar varias décadas hasta que los capitanes de las embarcaciones que visitaban regularmente las islas se dieran por enterados. Para ellos, el viejo Puerto Soledad seguía siendo el centro de sus operaciones. Pescadores, cazadores de focas, balleneros, comerciantes, piratas y aventureros constituyeron una pequeña comunidad que se resistía a dejarse gobernar por un sistema de leyes en los que veían una amenaza para su libertad.

Esta obra da cuenta de las peripecias en que se vio envuelto el bergantín Aquilón en el curso de una campaña por las islas. Pero eso es solo el punto de partida: al mejor estilo de Stevenson o de London, este periplo austral aborda, en una suerte de diario de viaje, misterio y la aventura, conviertiéndolo en uno de los raros ejemplos en donde el género se ve beneficiado por la intriga y la acción.

La obra, de autor anónimo, fue publicada en Londres en 1865, en una edición privada de 120 ejemplares. Quiso el azar que uno de esos ejemplares apareciera en Buenos Aires, maltrecho y perdido en el fondo de una caja de embalaje corroída por la humedad.

No existen pruebas fehacientes respecto de la veracidad de este relato. No se conocen reediciones ni figura en bibliografías especializadas. Su rastro se disicuelve en conjeturas que, a la postre, no arrojan mayores resultados. Sin embargo, al tiempo y a la historia poco le importan estas minucias. Tras más de un siglo de derrota a ciegas, el Aquilón recala hoy en manos de nuevos lectores, prueba tangible e irrefutable de su existencia.

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